"Max" era adicto a los medicamentos recetados. La adicción se apoderó poco a poco de su vida. (Esta historia está basada en las experiencias de personas reales cuyos nombres se han cambiado).
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Me recetaron Vicodin® cuando me lesioné la espalda. Debía tomar dos pastillas, dos veces por día. Pero a mí me preocupaba que la dosis no fuera suficiente y tomé algunas más para asegurarme de que el medicamento me hiciera efecto.

El Vicodin® no solo alivió el dolor. Me hizo sentir de una forma que me gustó mucho. Podía estar más relajado y no sentir tanta preocupación por mi familia y mi negocio. Aunque también me cansaba mucho. Había días en que me tenía que arrastrar para hacer las cosas.

Cuando se me terminaron las pastillas recetadas me sentí muy mal. Aunque era diciembre, yo sudaba como si fuera el mes de julio. Y me dolía todo el cuerpo, era mucho peor que el dolor de espalda original. Me asusté.

Comencé a visitar muchos médicos distintos para que me dieran recetas de Vicodin®. Les mentía, les decía que tenía un dolor terrible, peor de lo que sentía en realidad. Necesitaba más y más pastillas para estar bien, más de las que me recetaría un solo médico. Después llevaba las recetas a distintas farmacias. A veces manejaba horas para encontrar una farmacia donde no me conocieran. Mi esposa estaba molesta porque no me ocupaba de nuestro negocio. Pero lo único que yo quería hacer era conseguir más Vicodin®.

Hasta que un día en que estaba en la farmacia con ella, la farmacéutica dijo que no me vendería el medicamento. Los registros de la computadora mostraban que ya había comprado mucho Vicodin® en diferentes farmacias en poco tiempo. Me avergoncé de que me hubieran descubierto. Me sentía incómodo de que mi esposa estuviera ahí presenciando eso. Pero me asustaba aun más la idea de sentirme mal como me había pasado la última vez que se me habían acabado las pastillas.

La farmacéutica supo lo que estaba pensando. Nos dio el número de la líínea nacional de ayuda permanente, 1-800-662-HELP (4357). Dijo que allí podrían ayudarme a obtener tratamiento para que no necesitara tomar más Vicodin®. También me dijo algo que no sabía: hay un medicamento que puedo tomar para aliviar el malestar que sentí cuando ya no había más droga en mi organismo y también para aliviar el deseo intenso que sentía de consumir más.

Si hubiera estado solo, habría tirado el número de teléfono y tratado de comprar otra receta en otro lado. Pero en cuanto nos subimos al auto mi esposa sacó el celular y llamó al número que nos habían dado. Me dijo que yo no podía seguir así. Me enojé, pero no pude hacer que cortara la llamada. Mi esposa es una mujer fuerte. Y me ama.

En el teléfono me derivaron a un médico que trata a personas adictas a los analgésicos. El médico me dio un medicamento que me ayudó a no sentirme tan enfermo y a tener menos deseos de consumir la droga cuando dejé de tomar Vicodin®. Ya me siento un poco mejor, tengo menos dolores, pienso con más claridad y me resulta más fácil prestar atención. Es posible que deba tomar el medicamento durante mucho tiempo, pero ya no estoy desesperado tratando de conseguir más Vicodin®.

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