Dibujo del cerebro humano dentro de la cabeza.©iStock.com/janulla

Los genes contienen información que hace que tú seas quien eres. Algunos genes aumentan la posibilidad de adicción y estos genes se pueden transmitir a los bebés. De la misma manera que puedes tener la nariz de tu papá o los ojos de tu mamá, también puedes tener un riesgo mayor de adicción si alguno de tus padres lo tiene. Hasta el momento, no hay pruebas de laboratorio que puedan decir si alguien tiene genes de adicción en el organismo.  

Pero no se trata solamente de genes. Si los niños ven que los padres u otros miembros de la familia consumen drogas, pueden pensar que eso está bien. Los niños aprenden a comportarse según lo que observan en sus padres y en sus hermanos mayores. Además, la adicción causa muchos problemas en el hogar y los niños no reciben la atención que necesitan. Un niño que no se siente querido tiene una mayor posibilidad de drogarse y convertirse en adicto. Este es un problema que puede continuar durante muchas generaciones y puede darse en una familia rica o pobre, puede pasar en familias de cualquier nivel económico.

La buena noticia es que muchos niños que tienen padres que se drogan no se convierten en adictos cuando crecen. Las posibilidades de adicción son mayores, pero eso no significa que tiene que ser así necesariamente. Y tú te puedes proteger de esta posibilidad si no consumes drogas.